La Técnica Alexander y las Emociones

Charla realizada el 2 de abril de 2004, por Walter Carrington (*)
Traducción: Pablo Buniak

masks-833421_1280Esta mañana quisiera hablar por unos instantes acerca de la vieja y recurrente cuestión sobre la Técnica Alexander, el trabajo que nosotros hacemos, y como ésta afecta y es afectada por nuestra vida emocional.

Muy frecuentemente escucho decir e incluso leo en parte de la literatura de Alexander que la gente comenta que la Técnica no se ocupa de nuestra vida emocional. Pudiera ser que la mayoría de la gente sea mucho menos emocional que yo. Uno puede hablar sólo de sus propias experiencias y por lo tanto puede suceder que todos ustedes sean totalmente diferentes a mí, sin embargo yo encuentro que mi vida emocional es realmente mi vida. Son mis sentimientos los que afectan todo el tiempo mi comportamiento, es decir que éste está gobernado en gran manera por mis sentimientos, excepto, por supuesto, cuando felizmente tengo algunos intentos exitosos aplicando la Técnica por un momento. Cuando realmente puedo parar por unos instantes y puedo darme un recreo y una pequeña pausa, entonces allí es cuando las cosas pueden ajustarse por sí mismas y resolverse un poco.

Tomemos un ejemplo concreto, una situación imaginaria: supongamos que eres una persona muy ocupada y llevas una vida muy activa y que por ende tienes muchas cosas que hacer en el transcurso del día, muchas citas que atender, y muchas clases de cosas diferentes que debes recordar hacer. Pues aquí estás, en algún momento temprano de la mañana, quizás tomando una taza de té, o lo que sea, sacas tu agenda para dar un vistazo a lo que el día te depara. Sólo estoy imaginándolo, sé que puede parecer un poco tonto el ejemplo pero creo que ustedes entienden hacia dónde voy con lo que estoy diciendo. Aquí estás, tomando tu taza de té y has abierto tu agenda. Inmediatamente te estás exponiendo a algunos estímulos bastante masivos. ¿Estás realmente listo para esto? Porque cuando abres tu agenda y la miras dices: “oh Dios mío hoy tengo que hacer esto y aquello, es terrible!”. No estabas sintiéndote muy brillante a primera hora de la mañana, sentías que necesitabas realmente esa taza de café… Ahora estás viendo que tienes que lidiar con todo esto tan horrible que habías olvidado por un momento. ¿Qué es lo que te produce esto a ti? ¿Tu cuerpo colapsa? ¿Te das cuenta que inmediatamente estás restringiendo tu respiración? Todo se ve afectado por la tensión que realizas en respuesta a esa situación. Si continúas viendo quizás no todo es malo, sino que hay algo que más tarde parece ser más disfrutable, en realidad, bastante disfrutable, muy disfrutable, si es que te las arreglas para sobrevivir, si superas el trauma del primer momento del día. Tienes realmente algo que te da ilusión. Una de las lecciones de la Técnica Alexander es la importancia de tener algo que te dé ilusión. Alexander siempre solía señalar esto a la gente. Recuerdo una vez cuando Alexander al terminar una clase con una de sus alumnas más antiguas, le dio una palmada en los hombros y le dijo: “Ahora, mi querida, sólo observa que no endurezcas tu cuello y que siempre tengas algo con qué ilusionarte”. La ilusión es una reacción emocional tan válida y tan importante como la reacción negativa a la que nos referíamos hace un minuto.

Sabes que tienes que hacer algo de lo que no estás nada interesado en hacer o que no quieres hacer. En estos casos, en todos los casos, cuando te detienes a considerarlo, puedes ver tu estado físico real, es decir: ¿cómo estás realmente sentado? ¿estás sentado colapsando? ¿estás en equilibrio? Y por sobre todas las cosas, ¿estás respirando?

Tu respiración refleja totalmente tu vida emocional. Si usas uno de esos aparatos que usan los médicos para medir el ritmo respiratorio, puedes comparar totalmente los cambios en el ritmo respiratorio de la gente con los cambios en sus sentimientos, su relativa alegría, infelicidad, y sobre todo su ansiedad. Mucha gente vive en un estado de casi permanente ansiedad. La ansiedad siempre está allí, a veces un poco menos, a veces un poco más. Por supuesto, esto es seguro que sea así, a menos que hayas aprendido cómo parar.

Parar no es algo fácil, parar es algo que toma algo de trabajo. Comprende, por sobre todo, la disposición a aceptar aprender a decirte a ti mismo: “Sí, no me gusta esto. Sí, soy infeliz. Sí, principalmente estoy asustado. Sí, estoy ansioso.” Es particularmente necesario ser capaces de reconocer y aceptar todas estas cosas negativas. Si vas a lidiar con ellas, tienes que ser capaz de aceptarlas primero. De nada sirve fingir que no existen o que, de algún modo u otro, se han ido mágicamente. Tienes que ser capaz de decirte a tí mismo “así están las cosas” y reconocer que eso es lo que está pasando. Si realmente estás muy tenso y muy colapsado y demás, el reconocer que hay cosas infelices, por supuesto se suma a tu infelicidad muy considerablemente y puede llegar a ser casi insoportable. Pero si lo enfrentamos podemos encontrar el coraje para soportar la mayoría de las cosas.

Tienes que encontrar ese coraje, pero ¿cómo lo encuentras? Ok, en principio dejas de contener tu respiración y de colapsar, estos son ingredientes muy importantes para tomar coraje, es cuando consigues que un poco más de respiración suceda, un poco más de libertad. Quizás es sólo momentáneo y sientes que no va a durar por mucho tiempo, pero es el momento en el que estás involucrado, es lo que está sucediendo ahora.

Una gran parte de nuestros problemas aparecen del hecho que hemos estado pensando obsesivamente en lo que sucedió en el pasado y hemos permitido que esto condicione e influya en nuestra percepción del presente o bien nos estamos anticipando, naturalmente, a lo peor, esperando que todo sea terrible, etc. Estas dos variaciones del presente pueden ser, por supuesto, positivamente peligrosas.

Tienes que aceptar el presente. Tienes que volver al tiempo presente y, por supuesto, esto significa el reconocimiento de que las cosas son como son. Entonces es cuando consideras qué efecto físico está teniendo esto en ti, particularmente en la respiración, como antes mencioné.

La respiración es algo que te dirá mucho si la observas, pero por supuesto, debes ser muy cuidadoso en la observación de tu respiración, porque es como todo lo demás, es terriblemente fácil hacerlo y la respiración no es algo que quieres hacer. La respiración es algo que quieres permitir que suceda. Si piensas por un momento en tu respiración, piensas en tu corazón y sus latidos, por supuesto sabes, perfectamente bien y sin ninguna duda, que quieres que lata regular, tranquila y eficientemente, pero sabes perfectamente bien que tú no puedes hacerlo latir, no puedes tomar una acción positiva que lo haga latir de manera diferente, más allá que algunos maestros de yoga pueden hacerlo, esto es otra cuestión. Desde un punto de vista práctico, debes reconocer que allí está, algo que ocurre, que quieres que ocurra y que esperas que ocurra lo más eficientemente posible. Esa debería ser, naturalmente, la actitud con tu respiración, es decir que consideramos la situación de un modo que llamaría en gran medida desapegado, revisas toda la situación en relación contigo mismo. Sabes muy claramente como tu vida emocional afecta tu respiración, también puedes saber cómo afecta tu digestión, cómo afecta tu presión sanguínea. Cuando realmente lo exploras, te das cuenta que refleja todos los aspectos de tu funcionamiento. Cuanto más profundizas en ello, más te das cuenta como todo está afectado por tu sensación de ansiedad, de preocupación. Del mismo modo, si eres lo suficientemente afortunado para encontrar felicidad, dicha, placer y todas las cosas positivas, entonces debes reconocer que éstas también afectan esta cuestión.

Cuando has pensado en todo esto, y experimentado todo esto, es entonces donde la Técnica Alexander aparece, poniendo el foco de atención en algo que todos parecen haber pasado por alto o han olvidado. Los doctores lo olvidan, los entrenadores lo olvidan, los psicólogos lo olvidan, los educadores lo olvidan, es algo que está universalmente olvidado. Lo que se ha olvidado es el simple hecho que la naturaleza básica del ser humano es el funcionamiento en dos piernas, ser capaces de pararnos y movernos eficientemente alrededor sin caernos, en otras palabras, usando la temida expresión: El Mecanismo Postural.

El Mecanismo Postural, es el modo o la eficiencia o lo que sea, con la que la gente realmente se mueve, la eficiencia con la que son capaces de realizar con sus cuerpos todas las acciones ordinarias y actividades de la vida, así como también las acciones extraordinarias. Piensa realmente a en el trabajo de los Mecanismos Posturales, el hecho de ser capaces de hacer lo que hacemos, aún cuando lo hagamos de una muy mala manera. Si vas por la calle y observas a gente joven y gente anciana y ves cómo se mueven y cómo se están sosteniendo a sí mismos, tienes que admitir que es extraordinario que ellos no se caigan por todos lados. Esto es claramente el trabajo de este mecanismo que llamamos Mecanismo Postural, que debe ser al menos tan importante como cualquier aspecto de nuestro funcionamiento general. Podríamos ir más allá aún, ya que si no te puedes parar, no puedes caminar y no te puedes mover, no obtendrás demasiado beneficio del hecho que seas capaz de respirar bastante bien, o que tu presión sanguínea sea bastante buena o que tengas tu colesterol bajo, etc. Esto es realmente central, y hay que reconocer la importancia central que tiene, esto es lo que Alexander inicialmente averiguó.

Allí estaba Alexander, quería actuar, quería ser un actor y demás, y estaba teniendo todos esos problemas con su voz, y se dio cuenta que no tenía que ver demasiado con su voz, ni con su respiración. Tenía que ver con la manera en que se paraba frente al espejo, endureciendo su cuello, llevando la cabeza hacia atrás, levantando su pecho, etc., interfiriendo con su balance postural.

¿Piensas que mientras Alexander estudiaba todo esto lo hacía sin ningún sentimiento, sin ninguna sensación de ansiedad o sentimientos de cuestionar su propio valor?

Alexander dijo que después de haber investigado un poco comenzó a temer que pudiera haber algo profundo dentro de sí mismo que estaba realmente imposibilitándolo, que no habría posibilidad de hablar apropiadamente. Él debe haber tenido sentimientos muy profundos que podríamos describir de ansiedad y demás. No creo que hubiera ayudado demasiado a Alexander si hubiera habido un psiquiatra por allí al que pudiera acudir, hablarle y explicarle lo que había experimentado frente a los espejos. Podría haber encontrado útil tener alguien a quien hablarle, alguien con quien compartirlo. Este es otro aspecto del sentimiento.

Frecuentemente experimentamos la sensación de soledad, y hay mucho que podemos obtener del sentimiento de compañerismo, de empatía, de sentir que hay alguien alrededor con quien hablar al respecto y que se mostrará compresivo. Todo aquello que pueda calmar tus sensaciones considerablemente podrá hacerte sentir mejor en cierto punto, pero no resolverá ninguno de tus problemas. Para solucionar tus problemas tienes que volver a ponerte frente al espejo y mostrarte a ti mismo con el estímulo y ver cómo respondes y encuentras una manera de inhibir o detener la respuesta errónea.

Quisiera decir que, indudablemente, todos nosotros necesitamos toda la ayuda que podamos obtener. Si encuentras que es reconfortante y beneficioso obtener ayuda terapéutica y hablar de tus problemas con otra gente, no estoy de ninguna manera en contra de ello, estoy totalmente a favor mientras reconozcas que la cuestión primordial es la auto ayuda, y esto es lo que estamos enseñando y aprendiendo en esta técnica.

 (*)W.Carrington fue alumno directo de F.M. Alexander y se cualificó como profesor en 1939. Desde la muerte de F.M. Alexander en 1955 está a cargo de la escuela de formación de profesores de la T.A. “The Constructive Teaching Centre” en Londres.

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