La Voz Cantada y la Técnica Alexander

por Pablo Buniak (*) Cuando F.M. Alexander, en su época de actor Shakesperiano, recitaba o declamaba, solía quedarse sin voz. Después de unos minutos de actuar su voz comenzaba a agotarse hasta cas…

Origen: La Voz Cantada y la Técnica Alexander

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La importancia de un cuello libre de tensión

Por Pablo Buniak


Generalmente en nuestro diario vivir no nos detenemos a analizar de qué manera nos movemos, o si las acciones que realizamos tienen consecuencias negativas sobre nuestra funcionalidad corporal.

Somos una totalidad músculo-esquelética que funciona las 24 horas del día, permitiéndonos realizar desde movimientos muy simples hasta grandes hazañas deportivas. Por otro lado, son cada vez más comunes los dolores provenientes del uso inadecuado de nuestra propia musculatura y de nuestro desequilibrio general.

Por ejemplo cuando utilizamos dispositivos electrónicos como tablets o celulares solemos sobre exigir a la musculatura del cuello llevando el peso de la cabeza hacia delante. Pareciera que utilizar estos aparatos no conlleva un gran esfuerzo muscular o una dinámica de movimiento en la que tengamos que prepararnos de antemano. Sin embargo, es un hecho que día con día los dolores de espalda, cuello y extremidades son más recurrentes.

 ¿Por qué?

 Nuestra cabeza tiene un peso promedio de 6 a 7 kilos. Con solo imaginar el peso de 7 bolsas de azúcar podemos dimensionar la enorme sobrecarga que tiene el resto de nuestro cuerpo teniendo que soportar el peso de la cabeza.

 Estamos diseñados de una manera tan magistral que a pesar de cargar con los 7 kilos de cabeza, podemos movernos por la vida mediante un sofisticado sistema de palancas, balances y coordinación muscular que hace posible que seamos bípedos. La pregunta siguiente sería: ¿de qué manera podemos concebir el movimiento de modo que el equilibrio de todas las partes se mantenga y el resultado sea un movimiento fluído y libre?

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La mayor parte del recorrido de la musculatura de la espalda y del torso se dirige hacia nuestro cuello. Es decir que es allí donde confluyen la mayor cantidad de fibras musculares que nos dan soporte, fuerza y que permiten los movimientos de nuestras extremidades. Es fácil concluir que cualquier esfuerzo o sobrecarga en el cuello afectará a la totalidad, haciendo que los movimientos requieran un exceso de energía y tensión.

 Obsérvate

 Proponte observarte en tus acciones cotidianas como sentarte, caminar, cepillarte los dientes, o simplemente estar parado. ¿Cómo está la musculatura de tu cuello? ¿qué sucede con tu cabeza cuando decides dar un paso o sentarte? ¿Cómo se ve afectada la musculatura de tu nuca cuando decides hacer un esfuerzo para levantar una carga pesada?

 Si tu deseo de observarte es continuo, notarás que tu percepción de lo que ocurre se vuelve más precisa y más aguda.

A partir del momento en que tomas conciencia de lo que estás haciendo con tu cuello se abren nuevas posibilidades.

Una de las opciones puede ser detener la acción de lo que estás realizando tan pronto como te das cuenta de que la musculatura de tu cuello se está activando más de lo necesario. Es decir que si estás a punto de sentarte y ves que el cuello se anticipa tensándose, es en ese momento en que puedes decidir interrumpir la acción de sentarte. Puedes decirte a ti mismo mentalmente “ahora no”, “me voy a sentar pero en un instante”. Pausar la acción habitual es una de las maneras más efectivas de interrumpir el fluir automático de un movimiento o dinámica que pudiera ser perjudicial para nuestro cuello.

Practica estos momentos de pausa, de reflexión acerca de cómo estás realizando la actividad.

Darte mensajes

Una vez que haz decidido interrumpir el curso de la acción habitual puedes pensar en la manera en que vas a realizarlo, en lugar de seguir actuando de manera automática.

Ya que todo el esfuerzo innecesario muchas veces es efectuado por el cuello, éste puede ser el punto desde podemos recomenzar. Podemos pensar en que nuestro cuello esté libre de tensión, y al pensarlo estaremos emitiendo pequeños mensajes sutiles pero muy poderosos a la musculatura del cuello para que se libere. Podemos repetirnos mentalmente frases como “cuello libre”, “suelto el cuello”, o la que sea que te sirva para poner un freno a la reacción automática de tensión.

Lo interesante de observarte y luego enviar mensajes a tu cuello es que aunque no sepas con exactitud qué es lo que ocurre con tu equilibrio y con tu musculatura, tu acción no va a ser producto de tu hábito, es decir que surgirá un movimiento diferente al que estabas acostumbrado y de este modo estarás comenzando a romper con el ciclo de acción y reacción habitual.

La Técnica Alexander es la herramienta que posibilita que dejemos de lado aquellos mecanismos que hacen que nos generemos tensiones que no necesitamos, mecanismos que por ser habituales no percibimos de manera muy clara. En una clase de la Técnica, el profesor puede ayudarte a detectar qué es lo que estás haciendo de más y motivarte a encontrar nuevas caminos que posibiliten un movimiento ligero y natural en todas tus acciones.

Si tienes una duda puedes poner tu pregunta en los comentarios del blog o escribirme a pablo@tecnicaalexanderbuniak.com

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¿Cómo aplicar la Técnica Alexander a la vida diaria?

Por Pablo Buniak

stopwatch-60204_1920F. M. Alexander siempre puso énfasis en que su Técnica era una manera de mejorar el desempeño en las actividades que realizamos, cuales quiera que sean. Siempre motivó a sus alumnos a no abandonar las actividades cotidianas de trabajo o hobby, aunque éstas fueran la causa de dolor o algún tipo de malestar, sino más bien, desarrollar una mayor autoconciencia para ser capaces de descubrir cuáles son los hábitos perjudiciales que nos impiden una total libertad de movimiento o aquellos que generan malestar, dolor, y tensión y a partir de allí poder decidir conscientemente un nuevo curso de la energía, más benévolo con nuestro diseño y funcionamiento natural.

¿estás sentado todo el día frente a una computadora? ¿realizas actividades artísticas como tocar un instrumento, cantar, actuar o bailar? ¿eres un ama de casa que realiza múltiples y diversas actividades? ¿practicas deportes?

No importa cual sea la respuesta a estas preguntas, el caso es que todos de una forma u otra utilizamos nuestra estructura física y mental para desarrollar actividades. Incluso la más sedentaria de las personas seguramente se sienta, se levanta, camina, viaja en transporte público y se mueve. Todos somos una entidad conformada por un cuerpo y una mente que de ninguna manera pueden dividirse. Como organismo psico-físico que somos, realizamos a lo largo del día distintas actividades, algunas más físicas que mentales y otras más mentales que físicas. Lo interesante es ser conscientes que estas dos partes constitutivas de nuestro ser están siempre en correlación, interactuando entre sí.

La idea de este artículo es alentarte a comenzar con pequeños pasos hacia una mayor autoconciencia corporal que te permitan descubrir tus hábitos más comunes y cotidianos para luego reemplazarlos por nuevas posibilidades de acción.

1 – Haz una pausa

Interrumpir el continuo y permanente hacer del cuerpo y de la mente pareciera ser una tarea imposible, sobre todo cuando tenemos una meta a la que llegar, una actividad que finalizar o un trabajo que entregar.

Siempre existe la posibilidad de detenernos. ¿A qué? Simplemente a observar.
Observar nuestro cuerpo, la manera en que estamos parados, sentados, la manera en que está tensa o relajada la musculatura, la manera en que estamos respirando.

Pueden ser pausas de menos de un minuto, pero que de manera continua y repetida te brindarán información sobre tu propio estado y al mismo tiempo profundizarán la conciencia que tienes de tu propio ser psico-físico.

Prueba hoy mismo detenerte. Aprovecha esa pausa que te revelará muchos detalles sobre tí mismo. No se trata de que cambies nada, el sólo hecho de observar actuará por sí solo, relajando en cierta manera tu sistema nervioso.

2 – Incluye la respiración

Si en cada pausa que decides hacer, observas con detenimiento cómo estás respirando, notarás que tu respiración se hace un poco más lenta e incluso más profunda.
Generalmente cuando estamos demasiado concentrados en las actividades que realizamos solemos detener por momentos la respiración.
Permítete observar durante tu pausa el flujo del aire que entra y sale. Observa cada inhalación y cada exhalación sin intentar modificar nada, solo sé un testigo del fenómeno respiratorio.

3 – Tírate en el piso regularmente

La práctica de la postura de descanso activo o semi supina (que puedes encontrar en más detalle en este post) tiene efectos relajantes muy profundos al tiempo que permite que la gravedad actúe beneficiosamente en nuestro organismo, favoreciendo que la musculatura de tu espalda se suelte gradualmente y libere a la columna de presiones. Tu respiración también encontrará en esta posición mayor libertad y descubrirás que ciertos dolores o molestias provenientes de tu espalda baja, hombros y cuello disminuyen e incluso desaparecen. Tan sólo 15 minutos en esta posición pueden marcar una gran diferencia en tu bienestar.

No necesitas más que un mínimo de voluntad para poner en práctica gradualmente estas sugerencias y verás que estos pequeños y sutiles cambios generarán efectos realmente poderosos.

Si tienes alguna duda puedes poner tu pregunta en los comentarios del blog o escríbeme a pablo@tenicaalexanderbuniak.com.
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La Técnica Alexander

Video realizado por Frederick Lacy


Al poco tiempo de descubrir la Técnica Alexander como alumno, encontré este video que por primera vez me hacía comprender un poco más a fondo esta Técnica. Durante el proceso de mi formación y como profesor de la Técnica Alexander, el video siguió teniendo sentido y es por eso que hace un par de años decidí traducirlo y subtitularlo junto a mi amiga y colega Mari Hodges. Aunque ya lo he compartido una vez, nunca es tarde para verlo…que lo disfruten.

¿Cómo definir la Técnica Alexander?

Por Pablo Buniak


 

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Como profesor de la Técnica Alexander, ésta, es una pregunta que siempre está vigente, que nunca termina de responderse. Desde las primeras clases que tomé, pasando por mi formación y hasta la actualidad, existe en mí la necesidad de encontrar maneras de definirla, de encasillarla en un concepto y de convertirla en una oración de fácil entendimiento. Debo reconocer que la tarea de sintetizar y acotar, dentro de una definición, todo lo que la Técnica Alexander comprende, desde ya, una tarea destinada a fracasar.

Entonces, ¿cómo explicar esta Técnica y sus beneficios a quien nunca ha oído hablar de ella?

Hacer vs. No Hacer

Generalmente, de manera casi automática, cuando queremos solucionar algo, sea un dolor, una preocupación, un problema, etc, queremos desesperadamente “hacer” algo. El pasar por situaciones de incomodidad, dolor, enfermedad, angustia, nos confronta con el deseo profundo y concreto de sacarnos de encima aquello que molesta. Es por ello que, para cada nuevo desafío, recurrimos a diferentes “soluciones”. Como hay algo que debe ser solucionado, eliminado, extirpado, recurrimos a infinidad de elementos y disciplinas que seguramente colaborarán en que la molestia se disipe: tomamos el paracetamol para eliminar el dolor de cabeza; hacemos una terapia corta que nos quite la ansiedad; o contratamos un masaje que elimine por al menos unos días las contracturas que no cesan de aparecer en nuestra espalda. Son, en verdad, magníficas soluciones, que se basan casi exclusivamente en un acto o acción concreta de una cosa o de un tercero sobre nosotros. Por supuesto que los beneficios son muchos y es por eso que las terapias, los medicamentos y todo aquello que mitigue el malestar es, hoy en día, valorado y consumido a gran escala.

¿Qué sucedería si en lugar de querer “hacer” algo específico para aliviarnos, aprendiéramos a “deshacer”, a soltar aquello que nos genera molestia y lográramos descubrir las causas psicofísicas que lo originan?

Por medio de la Técnica Alexander podemos aprender a detectar todo lo que consciente o inconscientemente “hacemos” y a partir de allí aprender a desarticular el acto, desarmar la acción repetida, inconsciente y automática y dar un nueva dirección a aquellos actos que, sin pensar, realizamos a diario. Acciones y hábitos que hacen que nos auto generemos dolores, contracturas o sobreesfuerzos.

Al estar dentro del ámbito educativo, no específicamente terapéutico, no solo conseguimos aprender a descubrir las causas que detonan el malestar, sino que logramos eliminarlo, con mayores probabilidades a que la molestia no regrese.

Aunque parezca mentira, antes que  descubrir las causas y “deshacer” nosotros mismos los orígenes de aquello que nos inquieta, generalmente preferimos que alguien lo haga por nosotros, pero ¿a qué costo?¿cuál es la duración de la supuesta solución?¿cuándo tendré que volver a acudir al terapeuta o al masajista?¿llegará el momento en que pueda aprender a “usarme” de una manera más efectiva, haciéndome responsable de mí mismo?

Somos un organismo Psico-Físico

Desde dthe-thinker-1144887_1280iversas religiones y a partir de la psicología moderna, concebirnos como un ente conformado por un cuerpo y una mente (y/o alma) es indiscutible. Con el auge de las filosofías orientales en occidente, y la expansión de las corrientes espirituales de la llamada New Age, la tendencia a tomar en cuenta los pensamientos en relación a los efectos sobre el cuerpo, ha ido en aumento y reconocemos que existen posibles causas mentales a ciertos padecimientos físicos.

En este sentido, la Técnica Alexander, de alguna manera, da un paso más allá, considerándonos como una organización dotada de un cuerpo y una mente pero que de ninguna manera puede ser dividida. Esta unidad indivisible hace que todo lo que suceda en la mente tenga su correlación en el cuerpo y viceversa. Como seres psico-físicos tenemos experiencias que son a veces más físicas, como practicar un deporte y otras veces más mentales, como redactar un artículo. Sin embargo, no existe, bajo esta teoría, ninguna posibilidad en que la correlación cuerpo-mente deje de suceder. Ante un hecho físico, como puede ser un movimiento determinado, un dolor, una liberación muscular, etc, habrá una inmediata consecuencia a nivel mental y/o emocional, y del mismo modo, un pensamiento, una idea, una emoción dada serán origen de un efecto a nivel físico.

La Técnica Alexander interviene justo en esta interrelación cuerpo-mente, haciéndonos conscientes del inmenso campo de posibilidades que tenemos al momento de decidir cómo movernos o cómo pensar. Es un proceso educativo en todo el sentido de la palabra. Aprendemos aquello que hemos olvidado, y que, en su mejor forma, traíamos al nacer: una estructura físico-mental óptima para la vida y que con los años hemos perdido en gran medida.

“No puedes hacer algo que no conoces, si continúas haciendo lo que conoces”

Este aforismo corresponde a F. M. Alexander (1869-1955), el creador de la Técnica, y se refiere a que, como animales de costumbre, actuamos de manera automática y que frente a los estímulos responderemos del modo en que estemos habituados. Frente a un acción habrá una reacción conocida, frente a un estímulo determinado habrá una respuesta casi automática.

La Técnica Alexander se sitúa en ese espacio que existe entre un estímulo y una respuesta, vale decir que, aprendemos a detectar el momento previo a la acción habitual. ¿aprender esto de qué manera concreta nos beneficia?  Si somos capaces de darnos cuenta que, frente a un estímulo, podemos detenernos antes de reaccionar automáticamente, podremos permitir que una nueva acción suceda, una acción no tan conocida ni habitual. Por ejemplo, cuando logramos tomar consciencia del esfuerzo que realizamos para una determinada actividad estamos dando el primer paso para que los cambios sucedan y lograr involucrar solamente aquella musculatura que es necesaria para ese acto. Es muy común ver músicos instrumentistas tocando con excesivo esfuerzo; cantantes tensando la caja torácica, cuello y mandíbula por demás; profesionales cuyos días transcurren en una oficina frente a una computadora a costa de mantener una tensión permanente en sus espaldas y hombros; o docentes que, a causa del sobre esfuerzo vocal diario, han perdido casi totalmente su voz.

Todos, de alguna u otra manera, nos encontramos dentro del enorme grupo de personas que a diario ejercemos actividades con dolores, molestias y contracturas, y no sabemos cómo romper con este círculo vicioso.

Los medios vs. los fines

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Vivimos en un mundo y en un momento de la historia en el que pareciera que lo único que importa es cumplir con las exigencias de la vida diaria, superar nuestros logros a cómo dé lugar, avanzar, ser exitosos, producir y hacer. No importa de qué manera, no importan los medios. Lo que se presenta como realmente importante es lograr el resultado sin analizar en profundidad los “cómos” para lograrlo.

Si nos tomamos tiempo para observar todas las actividades, físicas o mentales, que realizamos a diario, veremos que en casi todas ellas hay objetivos implícitos que no dan lugar a que nos detengamos a examinar los medios con los cuales lograr dichas metas.

Una vez que nos damos permiso para detenernos, observar el proceso, decidir cómo reaccionar y elegir de qué manera lo haremos, los logros llegarán como consecuencia de una mayor integración físico-mental.

El proceso reeducativo que propone la Técnica Alexander es aquél que propiciará en tí nuevas perspectivas sobre cómo posicionarte frente a las exigencias de la vida diaria y a los logros que la vida moderna te impone, motivando el que aprendas a identificar tus patrones de conducta y movimiento automáticos y que encuentres nuevos caminos posibles.

Existen resultados comprobados, como el del British Medical Journal que confirman que la Técnica Alexander puede ayudar a largo plazo a: evitar la tensión innecesaria y por consiguiente el desgaste acelerado del sistema músculo-esquelético; conseguir mayor autoconciencia tanto física, emocional y mental; desempeñarnos de mejor manera conservando la energía; reconocer y modificar patrones de comportamiento físico y/o mental; reaprender un desenvolvimiento psico-físico más acorde con la manera en que estamos diseñados.

Para tomar una clase puedes contactarme aquí.

La Voz Cantada y la Técnica Alexander


por Pablo Buniak (*)

Cuando F.M. Alexander, en su época de actor Shakesperiano, recitaba o declamaba, solía quedarse sin voz. Después de unos minutos de actuar su voz comenzaba a agotarse hasta casi desaparecer. A fines del siglo XIX la amplificación no era todavía una posibilidad, por lo tanto Alexander padecía estos episodios de ronquera o disfonía muy frecuentemente. Luego de muchos años de investigación consigo mismo, Alexander descubrió que su problema “vocal”, no se circunscribía solamente a sus órganos de fonación, sino que cualquier desequilibrio en su musculatura generaban un impacto en su voz y en su respiración.

La Técnica Alexander surge entonces como una respuesta a una búsqueda de años de experimentación e investigación frente a un concreto problema vocal. A partir de allí las conclusiones fueron muy claras: frente a un exceso de tensión muscular no sólo el uso de la voz y la respiración se ven afectados, sino todos los mecanismos posturales. De este modo la Técnica Alexander comenzó a utilizarse en el trabajo con cantantes, actores, deportistas, músicos, y con cualquier persona cuya actividad se viera afectada por cuestiones de excesiva tensión muscular.

En la actualidad sabemos que la tensión muscular en exceso sucede en muchas de las actividades que realizamos, es por eso que cualquiera puede conseguir beneficios de la Técnica Alexander, incluso quien realiza actividades sedentarias como trabajar muchas horas frente a una computadora, o conducir un auto de manera cotidiana, o simplemente realizar tareas en el hogar. Todos realizamos tareas con nuestro cuerpo que, en mayor o menor medida, se ven interferidas al involucrar músculos que no son necesarios, incrementando así los niveles de tensión.

Ya que el canto es una actividad que involucra una gran coordinación muscular y respiratoria, generalmente se ve afectada por el uso de musculatura innecesaria para el fin de cantar. Es muy común ver en los alumnos de canto tensión en la mandíbula, en el abdomen, rigidez en la caja torácica, tensión en las piernas, hiperextensión en las rodillas, etc., y aunque el maestro de canto lo detecte, no son fáciles de erradicar ya que provienen del uso repetido y continuo de patrones aprendidos a lo largo de la vida.

Un profesor de la Técnica Alexander puede, no sólo detectar los focos de tensión, sino hacerlos conscientes para el alumno y promover el reemplazo de hábitos de movimiento o acción poco saludables por nuevos hábitos creados a partir de una profunda auto observación y conciencia.

Al mejorar la coordinación muscular total, el cantante descubre una mejor calidad sonora en su voz, un sonido que proviene de una mayor libertad muscular general, más facilidad de emisión, más capacidad respiratoria, y por supuesto mucho menos desgaste y fatiga vocal.

La Técnica Alexander es un maravilloso complemento en la formación de cantantes y es por eso que en la actualidad forma parte del programa de las escuelas de música y canto más prestigiosas del mundo, como Julliard School of Performing Arts, en Nueva York, Royal College of Music, en Londres, The Boston Conservatory of Music, The Royal Conservatory of Music, en Toronto, y en muchas otras universidades y escuelas en el mundo.

Más información: www.tecnicaalexanderbuniak.com/www.tecnicaalexanderbuniak.wordpress.com

(*) Pablo Buniak es cantante, músico, educador vocal y profesor de Técnica Alexander certificado por la Society of Teachers of the Alexander Technique, Londres, Inglaterra.

La Técnica Alexander y las Emociones

Charla realizada el 2 de abril de 2004, por Walter Carrington (*)
Traducción: Pablo Buniak

masks-833421_1280Esta mañana quisiera hablar por unos instantes acerca de la vieja y recurrente cuestión sobre la Técnica Alexander, el trabajo que nosotros hacemos, y como ésta afecta y es afectada por nuestra vida emocional.

Muy frecuentemente escucho decir e incluso leo en parte de la literatura de Alexander que la gente comenta que la Técnica no se ocupa de nuestra vida emocional. Pudiera ser que la mayoría de la gente sea mucho menos emocional que yo. Uno puede hablar sólo de sus propias experiencias y por lo tanto puede suceder que todos ustedes sean totalmente diferentes a mí, sin embargo yo encuentro que mi vida emocional es realmente mi vida. Son mis sentimientos los que afectan todo el tiempo mi comportamiento, es decir que éste está gobernado en gran manera por mis sentimientos, excepto, por supuesto, cuando felizmente tengo algunos intentos exitosos aplicando la Técnica por un momento. Cuando realmente puedo parar por unos instantes y puedo darme un recreo y una pequeña pausa, entonces allí es cuando las cosas pueden ajustarse por sí mismas y resolverse un poco.

Tomemos un ejemplo concreto, una situación imaginaria: supongamos que eres una persona muy ocupada y llevas una vida muy activa y que por ende tienes muchas cosas que hacer en el transcurso del día, muchas citas que atender, y muchas clases de cosas diferentes que debes recordar hacer. Pues aquí estás, en algún momento temprano de la mañana, quizás tomando una taza de té, o lo que sea, sacas tu agenda para dar un vistazo a lo que el día te depara. Sólo estoy imaginándolo, sé que puede parecer un poco tonto el ejemplo pero creo que ustedes entienden hacia dónde voy con lo que estoy diciendo. Aquí estás, tomando tu taza de té y has abierto tu agenda. Inmediatamente te estás exponiendo a algunos estímulos bastante masivos. ¿Estás realmente listo para esto? Porque cuando abres tu agenda y la miras dices: “oh Dios mío hoy tengo que hacer esto y aquello, es terrible!”. No estabas sintiéndote muy brillante a primera hora de la mañana, sentías que necesitabas realmente esa taza de café… Ahora estás viendo que tienes que lidiar con todo esto tan horrible que habías olvidado por un momento. ¿Qué es lo que te produce esto a ti? ¿Tu cuerpo colapsa? ¿Te das cuenta que inmediatamente estás restringiendo tu respiración? Todo se ve afectado por la tensión que realizas en respuesta a esa situación. Si continúas viendo quizás no todo es malo, sino que hay algo que más tarde parece ser más disfrutable, en realidad, bastante disfrutable, muy disfrutable, si es que te las arreglas para sobrevivir, si superas el trauma del primer momento del día. Tienes realmente algo que te da ilusión. Una de las lecciones de la Técnica Alexander es la importancia de tener algo que te dé ilusión. Alexander siempre solía señalar esto a la gente. Recuerdo una vez cuando Alexander al terminar una clase con una de sus alumnas más antiguas, le dio una palmada en los hombros y le dijo: “Ahora, mi querida, sólo observa que no endurezcas tu cuello y que siempre tengas algo con qué ilusionarte”. La ilusión es una reacción emocional tan válida y tan importante como la reacción negativa a la que nos referíamos hace un minuto.

Sabes que tienes que hacer algo de lo que no estás nada interesado en hacer o que no quieres hacer. En estos casos, en todos los casos, cuando te detienes a considerarlo, puedes ver tu estado físico real, es decir: ¿cómo estás realmente sentado? ¿estás sentado colapsando? ¿estás en equilibrio? Y por sobre todas las cosas, ¿estás respirando?

Tu respiración refleja totalmente tu vida emocional. Si usas uno de esos aparatos que usan los médicos para medir el ritmo respiratorio, puedes comparar totalmente los cambios en el ritmo respiratorio de la gente con los cambios en sus sentimientos, su relativa alegría, infelicidad, y sobre todo su ansiedad. Mucha gente vive en un estado de casi permanente ansiedad. La ansiedad siempre está allí, a veces un poco menos, a veces un poco más. Por supuesto, esto es seguro que sea así, a menos que hayas aprendido cómo parar.

Parar no es algo fácil, parar es algo que toma algo de trabajo. Comprende, por sobre todo, la disposición a aceptar aprender a decirte a ti mismo: “Sí, no me gusta esto. Sí, soy infeliz. Sí, principalmente estoy asustado. Sí, estoy ansioso.” Es particularmente necesario ser capaces de reconocer y aceptar todas estas cosas negativas. Si vas a lidiar con ellas, tienes que ser capaz de aceptarlas primero. De nada sirve fingir que no existen o que, de algún modo u otro, se han ido mágicamente. Tienes que ser capaz de decirte a tí mismo “así están las cosas” y reconocer que eso es lo que está pasando. Si realmente estás muy tenso y muy colapsado y demás, el reconocer que hay cosas infelices, por supuesto se suma a tu infelicidad muy considerablemente y puede llegar a ser casi insoportable. Pero si lo enfrentamos podemos encontrar el coraje para soportar la mayoría de las cosas.

Tienes que encontrar ese coraje, pero ¿cómo lo encuentras? Ok, en principio dejas de contener tu respiración y de colapsar, estos son ingredientes muy importantes para tomar coraje, es cuando consigues que un poco más de respiración suceda, un poco más de libertad. Quizás es sólo momentáneo y sientes que no va a durar por mucho tiempo, pero es el momento en el que estás involucrado, es lo que está sucediendo ahora.

Una gran parte de nuestros problemas aparecen del hecho que hemos estado pensando obsesivamente en lo que sucedió en el pasado y hemos permitido que esto condicione e influya en nuestra percepción del presente o bien nos estamos anticipando, naturalmente, a lo peor, esperando que todo sea terrible, etc. Estas dos variaciones del presente pueden ser, por supuesto, positivamente peligrosas.

Tienes que aceptar el presente. Tienes que volver al tiempo presente y, por supuesto, esto significa el reconocimiento de que las cosas son como son. Entonces es cuando consideras qué efecto físico está teniendo esto en ti, particularmente en la respiración, como antes mencioné.

La respiración es algo que te dirá mucho si la observas, pero por supuesto, debes ser muy cuidadoso en la observación de tu respiración, porque es como todo lo demás, es terriblemente fácil hacerlo y la respiración no es algo que quieres hacer. La respiración es algo que quieres permitir que suceda. Si piensas por un momento en tu respiración, piensas en tu corazón y sus latidos, por supuesto sabes, perfectamente bien y sin ninguna duda, que quieres que lata regular, tranquila y eficientemente, pero sabes perfectamente bien que tú no puedes hacerlo latir, no puedes tomar una acción positiva que lo haga latir de manera diferente, más allá que algunos maestros de yoga pueden hacerlo, esto es otra cuestión. Desde un punto de vista práctico, debes reconocer que allí está, algo que ocurre, que quieres que ocurra y que esperas que ocurra lo más eficientemente posible. Esa debería ser, naturalmente, la actitud con tu respiración, es decir que consideramos la situación de un modo que llamaría en gran medida desapegado, revisas toda la situación en relación contigo mismo. Sabes muy claramente como tu vida emocional afecta tu respiración, también puedes saber cómo afecta tu digestión, cómo afecta tu presión sanguínea. Cuando realmente lo exploras, te das cuenta que refleja todos los aspectos de tu funcionamiento. Cuanto más profundizas en ello, más te das cuenta como todo está afectado por tu sensación de ansiedad, de preocupación. Del mismo modo, si eres lo suficientemente afortunado para encontrar felicidad, dicha, placer y todas las cosas positivas, entonces debes reconocer que éstas también afectan esta cuestión.

Cuando has pensado en todo esto, y experimentado todo esto, es entonces donde la Técnica Alexander aparece, poniendo el foco de atención en algo que todos parecen haber pasado por alto o han olvidado. Los doctores lo olvidan, los entrenadores lo olvidan, los psicólogos lo olvidan, los educadores lo olvidan, es algo que está universalmente olvidado. Lo que se ha olvidado es el simple hecho que la naturaleza básica del ser humano es el funcionamiento en dos piernas, ser capaces de pararnos y movernos eficientemente alrededor sin caernos, en otras palabras, usando la temida expresión: El Mecanismo Postural.

El Mecanismo Postural, es el modo o la eficiencia o lo que sea, con la que la gente realmente se mueve, la eficiencia con la que son capaces de realizar con sus cuerpos todas las acciones ordinarias y actividades de la vida, así como también las acciones extraordinarias. Piensa realmente a en el trabajo de los Mecanismos Posturales, el hecho de ser capaces de hacer lo que hacemos, aún cuando lo hagamos de una muy mala manera. Si vas por la calle y observas a gente joven y gente anciana y ves cómo se mueven y cómo se están sosteniendo a sí mismos, tienes que admitir que es extraordinario que ellos no se caigan por todos lados. Esto es claramente el trabajo de este mecanismo que llamamos Mecanismo Postural, que debe ser al menos tan importante como cualquier aspecto de nuestro funcionamiento general. Podríamos ir más allá aún, ya que si no te puedes parar, no puedes caminar y no te puedes mover, no obtendrás demasiado beneficio del hecho que seas capaz de respirar bastante bien, o que tu presión sanguínea sea bastante buena o que tengas tu colesterol bajo, etc. Esto es realmente central, y hay que reconocer la importancia central que tiene, esto es lo que Alexander inicialmente averiguó.

Allí estaba Alexander, quería actuar, quería ser un actor y demás, y estaba teniendo todos esos problemas con su voz, y se dio cuenta que no tenía que ver demasiado con su voz, ni con su respiración. Tenía que ver con la manera en que se paraba frente al espejo, endureciendo su cuello, llevando la cabeza hacia atrás, levantando su pecho, etc., interfiriendo con su balance postural.

¿Piensas que mientras Alexander estudiaba todo esto lo hacía sin ningún sentimiento, sin ninguna sensación de ansiedad o sentimientos de cuestionar su propio valor?

Alexander dijo que después de haber investigado un poco comenzó a temer que pudiera haber algo profundo dentro de sí mismo que estaba realmente imposibilitándolo, que no habría posibilidad de hablar apropiadamente. Él debe haber tenido sentimientos muy profundos que podríamos describir de ansiedad y demás. No creo que hubiera ayudado demasiado a Alexander si hubiera habido un psiquiatra por allí al que pudiera acudir, hablarle y explicarle lo que había experimentado frente a los espejos. Podría haber encontrado útil tener alguien a quien hablarle, alguien con quien compartirlo. Este es otro aspecto del sentimiento.

Frecuentemente experimentamos la sensación de soledad, y hay mucho que podemos obtener del sentimiento de compañerismo, de empatía, de sentir que hay alguien alrededor con quien hablar al respecto y que se mostrará compresivo. Todo aquello que pueda calmar tus sensaciones considerablemente podrá hacerte sentir mejor en cierto punto, pero no resolverá ninguno de tus problemas. Para solucionar tus problemas tienes que volver a ponerte frente al espejo y mostrarte a ti mismo con el estímulo y ver cómo respondes y encuentras una manera de inhibir o detener la respuesta errónea.

Quisiera decir que, indudablemente, todos nosotros necesitamos toda la ayuda que podamos obtener. Si encuentras que es reconfortante y beneficioso obtener ayuda terapéutica y hablar de tus problemas con otra gente, no estoy de ninguna manera en contra de ello, estoy totalmente a favor mientras reconozcas que la cuestión primordial es la auto ayuda, y esto es lo que estamos enseñando y aprendiendo en esta técnica.

 (*)W.Carrington fue alumno directo de F.M. Alexander y se cualificó como profesor en 1939. Desde la muerte de F.M. Alexander en 1955 está a cargo de la escuela de formación de profesores de la T.A. “The Constructive Teaching Centre” en Londres.